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LA FAMILIA

Hay una leyenda en un pueblo de Laponia, no recuerdo muy bien el lugar, que cuenta que en cierta ocasión un hombre que caminaba sólo por el bosque se encontró de frente con un oso. El oso, que tenía hambre, pues llevaba unos cuantos días sin probar bocado, y esperaba por lo tanto darse un festín, le hizo la pregunta de rigor que hacía siempre a sus víctimas antes de darles el zarpazo definitivo. La pregunta en cuestión era si estaba sólo o tenía familia. El hombre no entendió muy bien como un oso de más de dos metros de altura y doscientos kilos de peso, se preocupaba por ese tipo de cosas haciéndole preguntas como aquella, pero le respondió con la verdad diciéndole que era un padre de familia. El oso entonces, para su sorpresa, le dejó pasar sin ponerle las garras encima. Cuando el hombre se alejó lo suficiente como para sentirse seguro, se giró y le preguntó al oso que por qué le había dejado marchar y el oso le respondió que porque él también era un padre de familia y cuatro oseznos le esperaban en su cueva. Comprendió entonces el hombre el motivo de por qué le había dejado ir, pero no entendía como el oso podía tener tanta corpulencia y se encontraba tan bien nutrido, porque, a su entender, todo el mundo tiene una familia. Fue entonces cuando el oso, adelantándose a que le hiciese la pregunta, le respondió que últimamente las cosas no eran exactamente así, pues empezaban a abundar los” single”. (1)

Experiencias de este tipo y otras parecidas que eludo contaros pues el espacio del que dispongo es limitado, han hecho que la familia, desde siempre, ha sido uno de los temas recurrentes de mi pintura. Y lo ha sido no solo por el contenido sociológico y cultural que la misma tiene como base organizativa de la sociedad, con todo lo que esto significa, sino por la riqueza y la variedad que pueden darse, y que se dan, entre todos y cada uno de sus miembros. Así las cosas, cuando de nuevo me he puesto a abordar este, para mí, viejo tema, lo he querido hacer fijándome en un tipo de familia que todos conocemos, que nos es cercana, la familia tradicional española. El origen lo tienen dos cuadros que pinté el pasado verano en un momento, digamos que de añoranza o de debilidad emocional, cuando estando fuera de España un amigo me enseñaba las fotos de su familia. En ese momento pensé que la familia es lo más importante que uno tiene en la vida, y desde luego, dentro de ésta, ocupan un lugar preeminente los abuelos. Los padres son importantes, sin ninguna duda, pero están siempre demasiado ocupados con sus problemas. No tienen tiempo. Los abuelos, en cambio, tienen todo el tiempo del mundo. Y eso que en realidad no les queda demasiado, pero les sobra el que tienen. Les sobra el tiempo y el afecto. Dan la vida por sus nietos. Hacen lo que sea por ellos y lo único que esperan es que se les respete. Antes se les respetaba, pero ahora creo que no. En el pasado uno entraba en una casa, y en el lugar principal del salón, se encontraba, presidiéndolo todo, la foto de los abuelos. Sin embargo, desgraciadamente, eso ya no se lleva. Fue entonces cuando pensé que esto tenía que cambiar, y me puse a reivindicar a la tercera edad, postulándome, no podía ser de otra manera, como el pintor de los abueletes. No sé si lo conseguiré… pero estoy en ello.

Pues bien, cuando uno comienza pintando a sus abueletes, el paso siguiente es pintar al resto de la familia, la suya y la de los demás, desde los abuelos a los nietos, incluyendo a los tíos, primos, hermanos y todo aquel que tiene algo que hacer o qué decir dentro de un grupo tan interesante como es el de la Familia. A todos ellos, como es habitual en mi trabajo, les ponía una leyenda que de una manera sucinta completara el perfil del retratado. El contenido de estas frases, quería que recogiera el comentario que cualquiera de nosotros puede hacer cuando muestra a un tercero la fotografía de un amigo o de un familiar. Por regla general se trata de frases cortas, breves, en ocasiones hirientes, pero que resumen a la perfección aquello que la fotografía no nos puede decir. Así, cuando mostramos una fotografía la acompañamos con comentarios del tipo:…“Este es fulano que hizo esto o aquello”, una manera, si se quiere salvaje, pero en definitiva habitual, de reducir en dos o tres palabras la vida de un individuo, de sus ilusiones, de sus esperanzas y por supuesto de sus sueños. Con lo que no contaba, y esto es lo bueno, es que el azar iba a tomar carta de naturaleza, y que pintando una familia que yo consideraba clásica, algo cañí si se quiere, pero clásica al fin y al cabo, en el resultado final de todo el conjunto, más parecía que estaba hablando del trabajo que de la propia familia, pues para mi sorpresa, la referencia que hacía de todos y cada uno de ellos, esa leyenda breve que como un epitafio sellaba toda una vida resaltando de ésta lo más señalado, era la forma y las maneras en que se habían “ganado la vida”. Para mi sorpresa, repito, solo uno de ellos se había ganado la vida “trabajando de verdad”. Se trataba de la prima, que se había metido “a trabajar de puta”, oficio, no me cabe ninguna duda, duro en donde los haya. Pensé entonces que si esa era la realidad que yo estaba mostrando, es que a lo mejor no hemos cambiado tanto como nos lo parece, y el pasado de simpáticos pícaros y astutos espabilados, sigue tan presente ahora como ya lo estaba hace quinientos años cuando la literatura española nos hablaba de lazarillos y sacamuelas. El pasado, pues, se encadena sin solución de continuidad a un presente, con nuevos chanchullos y tejemanejes, y los listillos que antes se las tenían que ingeniar para sacar la cabeza y subsistir dentro de un entorno de hambre, son ahora los nuevos e ilustres sacamantecas que a base de comisiones y de chanchullos montan todo tipo de componendas y de chapuzas para no dar un palo al agua en toda su vida.

No me cabe ninguna duda de que la vida es dura, y que cada cual busca su propio aprovechamiento aunque esto perjudique a otros, pero dentro de esta polifonía pictórica que ahora presento, espero, y me gustaría que así se entendiera, que pese a esta evolución que nos ha llevado a donde ya estábamos, la familia es, y seguirá siendo, el mejor de los grupos humanos al que podemos arrimarnos. Existen otros grupos, desde luego, todos ellos con sus ventajas e inconvenientes, pero cualquiera que sea su origen o su destino, estará mejor trabado si sus miembros sienten que forman parte de algo, si sus miembros se sienten parte de una familia, la que sea, la tradicional y de toda la vida, como la de la escuela, la del trabajo, o cualquiera otra que se nos ocurra. Sólo así el panorama será algo menos sombrío.

Ha sido un placer para mí haber podido realizar esta serie, en la que los propios retratados han participado escribiendo una dedicatoria. Lo han hecho con el sentimiento con el que se hace este tipo de cosas, escribiendo sobre el cuadro, saludando a los suyos, y deseándoles toda clase de cumplidos y parabienes. Las hay cursis, horteras, pretenciosas y, por supuesto, cariñosas. En cualquier caso las dedicatorias son el momento clave en que uno tiene que “mojarse”, ser, siquiera por un instante, un poeta. Algunos no pudieron venir al estudio y se les tuvo que enviar el cuadro al lugar en que se encontraban, como fue el caso del tío y de la tía que se encontraban en Cuba y en la India y no podían viajar. A otros se les tuvo que localizar, y costó lo suyo, como ocurrió con el primo que hasta que no entró en la Modelo no hubo forma de hablar con él. Con el nieto ocurrió algo parecido, entre okupación y okupación, no se sabía nunca en donde paraba. Todo lo contrario que con la prima, que estaba siempre en la misma esquina. Sin embargo, debo de admitirlo, no todo el mundo quiso firmar una dedicatoria. Mi amigo el oso Sjaunja, por ejemplo, no quiso hacerlo, así que su retrato se queda en el estudio.

Eleazar.

(1) “Mis conversaciones Privadas con el oso Sjaunja. Reflexiones de un oso con las ideas claras”
Editorial “Libros Prohibidos difíciles de encontrar”. 7ª Edición. Barcelona, Enero de 2008.