<<  
 

DIOSAS

Soy de los que piensan que cuando se está pintando un cuadro ya se está pensando en el siguiente. A veces esta idea tarda en materializarse, pues se trata de un embrión no del todo definido. Sin embargo, en otras ocasiones, es tan fuerte la llamada, que se abandona el cuadro que se está ejecutando para enfrentarse al nuevo proyecto. En cualquier caso siempre hay un nexo de unión entre un cuadro y el siguiente, tanto que son muchos los que piensan que el artista está siempre pintando el mismo cuadro. En realidad, lo que ocurre, es que se tiene la necesidad de insistir porque posiblemente no se haya terminado de comunicar lo que uno haya querido decir. Y esto vale no sólo para la pintura, sino para cualquier otro tipo de arte.

Pues bien, la serie de “Diosas” que ahora presento arranca de una exposición anterior realizada hace unos dos años. En aquella ocasión partía de unos cuadros en los que el desnudo femenino era el principal protagonista, si bien el tratamiento formal y compositivo era muy diferente. No había una continuidad conceptual ni técnica ni histórica en los cuadros elegidos para hacer de ellos una interpretación, pues nada tienen que ver entre sí “El Nacimiento de Venus” de Botticelli con la “Venus ante el espejo” de Velázquez, dos de los cuadros elegidos en aquella ocasión. Lo que me sedujo en aquel entonces era el interés que tantos artistas a lo largo de los siglos habían tenido, y siguen teniendo, por el desnudo femenino. Sin embargo, pintar a una mujer desnuda no ha sido siempre tarea fácil a lo largo de la historia del arte, pues multitud de trabas, fundamentalmente de orden moral y religioso, lo han impedido (recuérdese la sala reservada del Museo del Prado de acceso restringido, sólo para hombres, del siglo XIX, creada, entre otras cosas, para evitar escandalizar al público femenino). Pienso yo que esta podía ser una de las razones por las que tantos artistas, a la hora de pintar un desnudo, le han puesto a este el nombre de Venus, diosa del amor en la mitología romana. Y si pintar una diosa, digamos que estaba mejor visto, de alguna manera, que pintar a una paisana, se digería mejor y apenas causaba algún problema, pintar, continuar y/o “terminar” el cuadro de un amigo, no supondría ningún reproche, pues casi sería una obligación hacerlo. Lo digo por lo mencionado con anterioridad de que un artista cuando pinta un cuadro ya está pensando en el siguiente. Es decir, que si el deseo de pintar un cuadro nace con la contemplación de un cuadro pintado por otro, sería tan legítimo como si lo hubiera hecho el mismo artista, pues a fin de cuentas, reitero, el arte no deja de ser una continuidad no sólo en el tiempo y en la temática, sino como si de una simbiosis se tratara un artista se encadena a otro para continuar lo que este dejó inacabado. Hace comunión con él.

Así pues, en la serie “Diosas”, lo que he pretendido ha sido poner en evidencia y reflejar la interpretación que un artista ha hecho del cuadro de otro, al tiempo que intentar acercarme a la evolución que en el futuro puede tener la representación de una Venus, con las connotaciones que la palabra tiene. Para ello he escogido, como primer cuadro a interpretar, la “Venus Dormida” de Giorgione. Este cuadro, una verdadera revolución en su momento y punto de partida, según algunos, del arte moderno, fue, sin embargo, acabado por Tiziano, que posiblemente “emborrachado” por la obra que tenía ante sí, se vio en la necesidad de pintar otro cuadro con igual o parecida composición que el de su maestro. Así la Venus de Tiziano, la “Venus de Urbino”, mantiene la estructura compositiva con el cuadro de Giorgione en el que se inspira y le da continuidad, tanto, que en la reinterpretación de los dos cuadros pintados por mí, introduzco un elemento propio de Tiziano, el perrito, como si este no hubiera podido reprimirse y hubiera el mismo pintado un perro en el cuadro de Giorgione que en el original no existe. Y si interpretar un cuadro es darle una nueva visión, está claro que en el momento actual han desaparecido las bucólicas campiñas siendo sustituidas por carreteras y edificios que han modificado el idílico paisaje.
En la interpretación del cuadro de Tiziano, segunda de mis aproximaciones, he sustituido la presencia de dos criadas ausentes a la exhibición de voluptuosidad de la Venus, por una sola que se alarma y escandaliza, al igual que hace el perro, que abre los ojos.

Si Giorgione inspiró a Tiziano, este inspiró a Manet, que en su cuadro “Olimpia” sigue fielmente las líneas compositivas de su antecesor más de trescientos años después. Sin embargo Manet ya no titula el cuadro como Venus de lo que sea, sino simplemente Olimpia, el nombre de la prostituta que le sirvió de modelo. Dato curioso pues precisamente debido a su profesión, no deja de ser una diosa del amor, aunque en este caso sea una diosa a la que hay que pagar para obtener un beneficio. Al igual que Tiziano sitúa a su modelo en un interior y se hace servir por una doncella, si bien en este caso, y a diferencia de las de Tiziano, es negra, lo que sitúa al cuadro en la Francia imperialista del siglo XIX, con la importación de mano de obra barata que lamentablemente aún continúa. Manet cambia el perro dormido de Tiziano por un despierto gato, dato este de interés dadas las diferentes peculiaridades entre uno y otro animal. En la reinterpretación que he hecho del cuadro de Manet, he querido remarcar la característica de prostituta de la modelo, cuestión conflictiva en su momento, haciéndola posar con unas medias negras de rejilla. Por otro lado la negra que la acompaña ya no lo es tanto, seguramente porque han pasado unas pocas generaciones, y, desde luego, no le trae ningún ramo de flores, pues se limita a contemplarla extasiada ante el poderío de la retratada. El gato sigue existiendo, aunque en este caso se pasea libremente por la escena llamando la atención.

Terminadas estas tres aproximaciones, sentí la necesidad de continuar la serie si bien situándola ahora ya en nuestros días, sin ninguna referencia que no fuera la de la propia Venus, que me sirviera de modelo. Para ello pensé, que por suerte o por desgracia, las Venus de hoy en día vienen de fuera y muchas de ellas lo hacen sin papeles, de ahí el cuadro “Venus sin Papeles” que tal y como consta en la pieza es propiedad del Ministerio del Interior. La Venus se encuentra en la Casa de Campo de Madrid, lugar lleno de “Venus” en donde terminan muchas de estas “Diosas del Amor”, con lo que me sirve para rendir de nuevo un pequeño homenaje a la Venus de Giorgione plácidamente dormida en medio de un paisaje, que ahora se ve interrumpido por la presencia de unos guardias que uno contrariado y el otro sonriente, le ponen una multa.

Si en el anterior caso la Venus se medio cubría su desnudez, en el siguiente se nos muestra tal y como su madre la trajo al mundo y además, lo hace a la última moda, es decir, completamente depilada, de ahí su nombre de “Venus Depilada”. Los personajes que la rodean ya no son adultos, sino niños, pues está en una playa, la de la Barceloneta, lugar abierto a todas las miradas y en donde, además, se practica el nudismo.

Y para terminar esta serie he pintado lo que creo yo es el futuro de una Venus. Con los tiempos que corren ya no es necesario ni estar en el exterior, como hace la Venus de la Casa de Campo, ni estar en un interior esperando la visita de un cliente, ahora, el cliente está al otro lado de la red y para contactar con el sólo se necesita tener una cámara. El sexo es virtual, así es la “Venus de la WebCam”.

Septiembre 2007

Eleazar