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23 DIAS EN LA CORTE DE CARLOS IV." Mis conversaciones privadas con Godoy. El Código Goya”.
Extracto del capítulo XIV. Editorial: Libros Prohibidos Difíciles de Encontrar. 1ª Edición. Barcelona, Octubre 2.005. Autor: Eleazar

         
 
         Nadie de la Casa Real vino a la exposición de Barcelona para ver los cuadros que les había pintado. Ni Don Juan Carlos, ni Doña Sofía, ni Don Felipe, ni Doña Leticia, ni las Infantas, ni los consortes, ni, por supuesto, los niños. Salvo a los niños, a los demás les había invitado formalmente, como manda el protocolo. Así que no lo entendía. Sobretodo teniendo en cuenta que se trataba de un encargo. O eso me había dicho Goya cuando me pasó el testigo y me nombró, a propuesta del Rey,“Pintor de Cámara”. O Goya me había engañado o aquello no tenía explicación posible.

        Tendrían que pasar unos cuantos meses para que por fin todo tuviera una explicación. Goya me llamó de nuevo por teléfono.
        - Oye, que todo ha sido un error. Un lamentable error. Tienes que entender, que estando sordo como estoy, no me entero demasiado bien de las cosas que me dicen. Pero esta vez es distinto, me lo han escrito, así que escucha lo que te voy a decir: el que quiere que pintes su retrato es Godoy..., bueno, el suyo y el de todos los demás, incluido yo mismo. Así que ya te puedes venir a la Corte para pintarlo- dijo mientras me soltaba una carcajada. El sordo me ponía de los nervios. Era buen pintor, pero me ponía de los nervios.
        Si era cierto lo que acababa de escuchar, que iba a tener la oportunidad de conocer a Godoy, Goya me estaba ofreciendo la oportunidad de mi vida: descifrar el enigma de “El Código Goya”.
        -¿Podré pintar también a la Duquesa de Alba?
        - Por supuesto que sí, ¿pero a qué viene esa pregunta?
        -Bueno, simplemente quería saberlo- le dije mientras colgaba el teléfono
        Tardé tres semanas y dos días en pintarles a todos ellos, utilizando, como Goya me había dicho, los cuadros pintados por él. Aunque hacía tiempo que se había ido a vivir a Francia, existían multitud de autoretratos en todas las posiciones posibles, desde su más tierna infancia hasta sus últimos días en el exilio. Con los Reyes no ocurrió lo mismo. Se habían ido a Italia y yo no estaba dispuesto a viajar a un país que tiene la forma de una bota. ¡Me daba yuyu! Además, si la reina se había llevado las joyas de la corona, tal y como sospechaba su hijo, lo mejor sería que no me relacionase demasiado con ellos. Así que tuve que recurrir a don Juan Carlos para que me inspirase a su tatarabuelo. En cuanto a María Luisa, era tal el parecido que tenía con Fernando VII (las malas lenguas dicen que era el único hijo verdadero que tuvo con el Rey), que me daba lo mismo mirar un retrato de ella que de su hijo. Con la Duquesa de Alba, que había muerto, posiblemente envenenada, Goya me dijo que no me inspirase en “La Maja Desnuda”, que no era un retrato de la duquesa. Me lo dijo nervioso, como de pasada. Al rato volvió a sacar el tema.
        -Además – me dijo-, ¿por qué tienes tú tanto interés en La Maja? Me han dicho que te pasas el día mirando el cuadro en el Museo del Prado.
        -Bueno, es el primer púbis de la pintura española.
        - Vaya, pues no lo sabía –dijo mientras miraba para otro lado haciéndose el longuis.
        -Pues sí, maestro. Hasta que tú lo hiciste nadie se había atrevido. Sobretodo teniendo en cuenta a la Inquisición -Goya miró alrededor suyo temiéndose lo peor. Traté de tranquilizarlo dándole una palmadita en la espalda. Fue entonces cuando se me ocurrió la idea de preguntarle acerca de un enigma que desde pequeño me tenía obsesionado.
        - Si la maja desnuda no es la duquesa ¿de quién es entonces el retrato?
        - ¿Y a tí que te importa?
        - Pensaba que empezábamos a ser amigos.
        -Pues estás muy equivocado. La amistad no significa que te cuente toda mi vida, y menos aún este tipo de cosas, que son muy íntimas.
        -¿Y porqué dos retratos? -me atreví a preguntarle. Al menos intentaría aclarar parte del enigma-. Nunca he entendido porque pintaste uno vestido y otro desnudo, ni cual de los dos pintaste primero.
        -Yo tampoco entiendo muchas cosas de las que se pintan ahora. Ni el motivo, ni la razón, ni nada de nada. Y no pregunto tanto.
        -Sólo intentaba aclarar un poco el enigma que le interesa a tanta gente. Se cuentan un montón de versiones, a cual de ellas más disparatada.
        -Está bien -me dijo mientras dejaba la trompetilla encima de la mesa-. Si de verdad te interesa saberlo, pregúntaselo a Godoy, el fue quién me encargó el cuadro.
        Godoy era la clave. Godoy me ayudaría a resolver un enigma de un desnudo del que nadie sabía su identidad. Había quedado con él en su palacio de Aranjuez. Aún me faltaba pintar su retrato y el de su amante, Pepita Tudo.
        - ¿Qué, me has dejado para el final? –dijo socarronamente al verme entrar.
        - Lo siento, pero...no he podido venir antes.
        -¿Has visto lo que hay ahí fuera, no?- me dijo mientras descorría un poco las cortinas mirando hacía el exterior-. ¡Me quieren linchar!
        Los gritos de una multitud exaltada, a punto de iniciar un motín, atravesaban las paredes.
        -Yo no tengo nada que ver- dije como torpe excusa.
        -Quieren lincharme, a mí, a Godoy, partidario de las luces, supresor de censuras. Yo, que he dejado entrar los libros enciclopedistas, que he puesto trabas a la Inquisición, que he autorizado el regreso de los judíos a España... En fin, que te voy a contar que no sepas, he creado el Real Colegio de Medicina, el Cuerpo de Ingenieros y Cosmógrafos, las escuelas de Veterinaria, de Sordomudos, de Relojería, el Observatorio Astronómico, el Jardín Botánico, los museos de Industria y el Hidrográfico. Apoyo todo tipo de publicaciones, de expediciones de estudios botánicos, y ya ves, ahora quieren lincharme...
        Mientras continuaba hablando de él y de su pasado, de la política, de sus amores y de sus sueños por ser nombrado Rey del Algarve, una manera como otra cualquiera, me dijo, de cubrirse las espaldas, entró en la habitación su amante, Doña Pepita, que estaba preparando las maletas pues las cosas se estaban poniendo feas. Fueron unos instantes, los suficientes para estudiar su rostro y así poder compararlo con el de La Maja. Le hice un pequeño boceto, que me serviría mas tarde, además, para pintar su retrato.
Godoy, incansable, continuaba hablando de él mismo. No se hacía a la idea de tenerse que marchar al exilio. Al final, cuando amanecía, logré convencerle para que posara. Preocupado por los gritos que venían del exterior, se puso una guerrera y posó lo mejor que pudo. Lo que no pude evitar es que lo hiciera con tranquilidad...
        -Por cierto -me dijo mientras se levantaba para mirar de nuevo hacia el exterior-, ¿te has enterado de que Letizia está embarazada?
        - Algo he oído, pero te puedo asegurar que no pienso hacer ningún retrato del heredero.
        - Eso decía Goya y como sabes terminó pintando a Fernando VII aunque su retrato fuera encargado y pagado por otro. Seguro que cambias de idea, lo importante es pintar ¿no? Además, ¿quién te ha dicho que será varón?
        Soltó una sonrisita que me invitaba a intimar. Pensé que era el mejor momento para preguntarle lo que de verdad me interesaba de él: quién era “La Maja” que había pintado Goya.
        -También a mí me gustaría saberlo- dijo levantando los brazos al tiempo que me señalaba los cuadros que decoraban la habitación -. Yo le encargué a Goya un cuadro de un desnudo, para formar parte de esta estupenda colección de desnudos, pero el muy cabrón pintó dos cuadros. Uno desnudo y otro vestido. Lo que no sé es porque lo hizo. Si él te lo dice, cosa que dudo, yo te diré de quién se trataba.

        Regresé a Barcelona sin haber descifrado el enigma. Lo había intentado con los dos personajes que podían aclararme mis dudas, y no había conseguido nada de nada. Pensé en ponerme en contacto con Agatha Christie, con Conan Doyle, con Simenon, con Chandler, con Hammet o con el mismísimo Vázquez Montalbán, si era necesario. Con cualquiera de ellos. Sus detectives me ayudarían a resolver el enigma. Pero no fue necesario. Goya se puso de nuevo en contactó conmigo a través de un chat.
        -Olvídate de todos esos palanganillas. Si de verdad te interesa descifrar el enigma, ponte en contacto con Dan Brown, que es un maestro en descifrar enigmas, aclarar identidades, deshacer entuertos y, por supuesto, resolver códigos.
        -Ya, pero ahora esta inmerso con el “Código da Vinci”.
        - Eso es una chorrada. Le ha servido de entrenamiento. Lo de da Vinci lo sabía todo el mundo. A él lo que realmente le interesa, igual que a tí, es el “Código Goya”. “La Maja Desnuda” es el gran enigma del que incluso yo desconozco alguna de sus partes.
Está bien, pensé, Dan Brown me ayudará. Si él ha sido capaz de descifrar el “Código da Vinci” diciéndonos que San Juan era la Virgen, ¿cómo no va a averiguar quien era “La Maja Desnuda”? Además, pensé, no sólo me dirá quién era, sino lo más importante para mí: ¿por qué Goya pintó dos cuadros?, y sobretodo, ¿cuál de ellos pintó primero?
        Al día siguiente llamaba a Brown por teléfono. Mientras marcaba los números, un sinfín de preguntas se me agolpaban en la cabeza: ¿sabría algo Dan acerca de la enigmática sonrisa de Monna Lisa?, ¿tendría el detalle de darme algún dato sobre los misterios de la Sábana Santa?, ¿me explicaría, aunque fuera de pasada, alguna de las profecías de Nostradamus, de las líneas de Nazca , de la Atlántida, de los Templarios?, y, sobretodo, ¿me diría algo acerca del origen de Colón? En esas estaba yo cuando de pronto me dí cuenta que no tenía línea telefónica. ¡Me habían cortado el teléfono por falta de pago! Pero esa es otra historia que cuento en otro capítulo de este libro. Ahora lo importante era pagar la factura del teléfono, si verdaderamente lo que quería era hablar con Brown.